
Pues ya se ha acabado por fin el que ya es, seguro, mi último fin de semana en Filipinas, por lo menos hasta una próxima oportunidad, si es que hay alguna. Así que coged algo para tomar tranquilamente mientras leéis esto, porque el fin de semana ha dado para mucho, muy variado, malo, bueno y mejor.
Pero comenzaré primero contando un poco lo que fue el viernes, que a decir verdad, pasó sin pena ni gloria. Bueno, ya era hora que hubiera un día en que no cayera mierda. De hecho, cuando llegamos a la oficina fuimos notando en varias ocasiones que el personal estaba mas suave. Vamos, que parecía que como ya estaba empezando a funcionar el cacharro, pues por ahora no estaban buscando hacer sangre con nosotros. O por lo menos no era su principal prioridad. Así que estuvimos aprovechando para trabajar de manera tranquila y sin voces, que no está nada mal.
El día fue bastante normalico. Trabajo, comida italiana y por la noche a cenar con el chino. El caso es que ha empezado a llover bastante decentemente, con lo que nos tenemos que ir a un restaurante bastante próximo al hotel. Nos lo pasamos muy bien los tres. Los dos españolitos haciendo el majadero (sobretodo el que suscribe) y diciendo chorradas, mientras el Ernest casi lloraba de la risa.
Terminamos la noche apretandonos unos copazos en el bar de debajo del hotel. Mas que nada para ir abriendo boca para el día siguiente, ya que nos ibamos a Boracay. Sí, esa isla de perdición donde la cerveza es mas barata que el agua, y las mujeres (casquivanas TODAS ellas) están desatadísimas. Con la ilusión de otro sábado de desenfreno nos vamos al sobre, que a las 10:30 cogemos el avión.
Buenos días, o lo que sea, porque resulta que no ha dejado de llover desde ayer. Pero para nosotros son buenos días, porque nos vamos a Boracay. Pues nada, mochila al hombro, y en taxi al aeropuerto, que hay una patera con alas que coger.
Ya la cosa empieza a torcerse cuando llegamos, ya que la chica de facturación, muy amablemente por cierto, nos dice que se están suspendiendo los vuelos a Boracay por el tiempo, ya que los guardacostas han cortado los accesos a la isla, que son solo por mar como ya os había comentado. En cualquier caso nos dice que nos avisarán debidamente. Es mientras esperamos en la sala de espera cuando oímos uno de los mayores estruendos que hemos oído en mucho tiempo. Se trataba del ruído de la lluvia contra el edificio del aeropuerto. Madre del amor hermoso, que chaparrón!!! Y nosotros embobados mirando. Sabíamos algo al respecto? Pues no, porque somos idiotas. Resulta que lo primero que deberíamos haber mirado a la hora de organizar cualquier viaje, que es la predicción del tiempo, no lo habíamos hecho, y claro, no teníamos ni puñetera idea de que estábamos en mitad de un tifón, concretamente el Ketsana, nombre que, tras todo lo que viví ayer, no creo que se me olvide en años.
Ya nos han confirmado que no volamos, así que el siguiente paso es que nos devuelvan la pasta, a lo que nos dirigimos rápidamente, para poder volvernos lo antes posible al hotel y hacer otros planes (habíamos planeado echar el vermouth con unas patatas, mientras echábamos unos billares). Tras empaparnos como yo nunca me había empapado jamás, conseguimos entrar en el taxi que iba a llevarnos al hotel. Pues bien, es en ese preciso momento cuando empieza una de mis experiencias vitales mas impresionantes que he tenido nunca. Y lo que es la casualidad, porque ese taxista que por cosas del destino nos ha parado, se convertirá durante el día, no solo en taxista, sino en padre, guia, y guardaespaldas. Vamos, ha sido nuestro ángel de la guarda, y siempre le estarémos tremendamente agradecidos.
Pues bien, al montarnos en el taxi, le decimos que nos lleve al hotel, pero ya nos encontramos el primer problema, ya que la carretera por la que hemos ido al aeropuerto, ahora se encuentra anegada y hay que buscar ruta alternativa. Dicho y hecho, arrancamos, y el taxista empieza a buscar la ruta callejeando por Manila. Nosotros, al principio riendo por la situación, alucinábamos al ver el cariz que estaba tomando aquello. Seguía lloviendo como si lo fueran a prohibir. Empezaban a formarse charcos enormes, y aun así todos iban con los coches a todo trapo. La cosa no tendría mas importancia, de no ser porque no creo que a los coches les vaya muy bien meterse en el agua hasta la altura de las puertas. De hecho a este no le venía nada bien, porque cada vez que entrábamos en alguna zona así nos entraba agua en el coche, cubriéndonos hasta los tobillos. Nosotros no dábamos crédito a tener los pies cubiertos de agua en un coche, ante las risas del dueño, que no le daba la menor importancia al asunto.
Ya hemos conseguido llegar a una de las arterias de la ciudad, con la intención de llegar a Makati, tras 1 hora de trayecto. Para que os hagáis una idea, a la ida hemos tardado 10 minutos en llegar al aeropuerto en taxi, y ahora ya llevamos 1 hora y no estamos ni siquiera cerca físicamente. Qué sabíamos nosotros que aquello sólamente era el comienzo...? Ya en la calle que os comento, parece que estamos enfilando bien. Tráfico fluído, parece que la cosa drena bien, pero como os he venido diciendo muchas veces ya:"...qué poco dura la alegría en casa del pobre". Y cuan cierto es el dicho, porque no han pasado ni dos minutos desde que estamos en esa carretera, cuando nos encontramos un atasco y nos quedamos parados debajo de un puente de hormigón de otra carretera. Estaba cayendo tanta agua, que se había inundado la parte de abajo de la carretera, y nos habíamos quedado parados, ya que nadie quería avanzar. Así que el panorama no era muy halagüeño. Aquí os pongo una foto de lo que se veía desde donde nos encontrábamos.
Por lo menos estábamos debajo de un puente, y no nos mojábamos, ya que nos bajamos del coche. Lo malo de aquella situación es que eramos el único vestigio de vida occidental que había, y nos miraban como si fueramos bichos raros, prestando especial atención a nuestras mochilas. Así que la situación era tensa, aunque el taxista finalmente, tras hablar con unos y otros, consiguió convencer a los conductores para tomar una alternativa y poder salir de allí, ya con destino a un hotel, el que fuera, porque a estas alturas del día, Makati (donde está nuestro hotel), está aislado por el agua y no hay forma de llegar. Por lo visto, nos lo explicaron ayer, lo que estaba pasando es que el nivel del Pacífico era bastante alto, con lo que todo lo que caía en Manila era imposible de drenar. Así que aquello no se iba a solucionar por lo menos hasta que bajara la marea. Bueno, y hasta que no dejara de llover, que a estas alturas del día seguía cayendo a mares.
Salidos del atasco tras unas 2 horas o algo mas, la meta será encontrar un hotel para poder hacer noche secos y seguros, con lo que el taxista se pone manos a la obra. Nosotros, al ver las maniobras que hacía, a la velocidad que las hacía, y en las circunstancias que las hacía, nos partíamos de risa. Yo creo, mas provocada por la tensión y el miedo que por lo cómico de la situación en sí. Tened en cuenta que al ya de por si caótico tráfico de aquí, había que añadir gente en dirección prohibida, etc.
Según palabras del taxista, ahora nos dirigimos al aeropuerto otra vez, a un hotel que conoce él, que está bien, es barato y seguro. Nosotros, a mal tiempo buena cara. Ya que no vamos a Boracay, nos beberemos un par de cosechas en el primer sitio donde podamos aposentarnos tranquilamente. Entre risa y risa grabamos algún que otro vídeo de la situación que se vivía fuera, bueno, y por extensión, dentro, ya que cada vez que entramos en un charco grande, el coche se inunda.
Es justo en inmediatamente después a uno de estos momentos, cuando pasamos un miedo tremendo, e incluso temimos por nuestra seguridad. Resulta que cuando llegamos a un cruce, había un montón de chavales "dirigiendo" el tráfico. Paraban coches, hacían girar a otros, en lo que para ellos sería una forma de ayudar, y por supuesto, obtener unas perrillas. Pues bien, cuando pasamos nosotros con el coche, nos vieron en el interior. 2 blanquitos con mochilas y casi seguro, con dinero. Así que el siguiente paso era levantarles todo lo que llevaran. Primero empezaron simplemente posando delante de las ventanillas con la mano extendida, pidiendo dinero, a lo que nosotros ni mirabamos. Ya en ese momento empezaron a alterarse y a gritar. Se arremolinaban alrededor del coche haciendo gestos de todo tipo, pero sobretodo pidiendo pasta. La situación se estaba poniendo muy tensa, ya que no teníamos escapatoria. Los chavales en cuestión ya empezaban a pegar en los cristales con gestos serios, a subirse en el coche (intentaron abrir el maletero), y a intentar abrirnos las puertas. Si lo hubieran conseguido, probablemente me habría quedado sin mochila (dinero, pasaporte, telefono, ropa seca), y la situación, de mala habría pasado a desesperada. Nosotros, como os podéis imaginar, estabamos bastante tensos y acojonados, a lo que nuestro taxista intentaba calmarnos, con la excusa de que eran chavalines inofensivos, que estaban allí simplemente pasando un rato divertido. Puede que fuera eso, pero a él tampoco se le notaba en su mejor momento, y yo, de hecho, estaba pasando uno de mis peores momentos desde que en Sudán nos pasó lo que nos pasó con la policía. Bueno, pues finalmente salimos del lugar rumbo al hotel, pero por otro lado. Hay que volver atrás otra vez y buscar otra ruta, ya que, según el taxista estamos en un barrio peligroso (no quiero imaginarme lo que es aquí un barrio peligroso) y ni dentro de un hotel estamos a salvo.
Tras enfilar por una callejuela nos topamos con un cementerio, y tampoco podíamos avanzar, con lo que la decisión es volver, y buscar otro camino.
Ya parece que ha encontrado una calle en la que se mueven los coches, y allí estamos, bajo la lluvia atascados tras 1 minuto de movimiento. Y de allí no podemos salir hacia atrás como en otros sitios. La situación empieza a sobrepasarnos, ya que, tras unas 2 horas y media en este punto, yo me doy cuenta de que no falta mucho para que anochezca, y la sola idea de pasar la noche dentro de un coche no sabemos donde, rodeados de no sabemos quien, nos empieza a angustiar. Pero claro, si queremos salir a buscar algo, tenemos que darnos prisa, ya que tampoco podemos prodigarnos por la calle, así que, finalmente le proponemos al taxista ir andando al sitio donde nos quiere llevar. Tras hablar con los coches de alrededor para convencerles de que se vayan moviendo, consigue aparcar, no sin riesgo para su coche (el ruido que hicieron los bajos del coche contra la acera no era signo de nada bueno). Pero bueno, él había tomado el compromiso personal de llevarnos a un sitio seguro, con o sin coche, y contra viento y marea.
Una vez aparcado comienza otra nueva aventura, que es desenvolverse por la calle anegada rodeado de gente, algunos de ellos bastante chungos. Pero nuestro taxista es un buscavidas y con él no hay fallo. Así que empezamos a andar por la calle, hasta un punto donde el agua ya cubre por la rodilla, y en algunos puntos algo mas. Tras andar cuarto de hora con el agua hasta la rodilla, y la mierda hasta el cuello, todavía nos queda 1 km y medio hasta llegar al hotel que él conocía. Tras hacer una intentona en un hotel de camino, seguimos nuestra ruta, ya que éste se encuentra completo.
Finalmente hemos llegado al hotel que él quería para nosotros, con tan mala suerte que está también completo, pero tras unos dimes y diretes nos consiguen habitación en otro que también gestionan ellos. Ahora "solo" queda llegar allí. No lo sabíamos, pero eso era algo de lo que ya se estaba encargando nuestro angel de la guarda. Había parado un taxi y apalabrado con él que nos llevaría hasta el hotel en cuestión, ya que por lo visto, por aquella zona se "podía" conducir. Digo "podía" porque cualquiera de nosotros no metería ni por asomo el coche en charcos la mitad de profundos que estos, y menos con un coche que es su única forma de sustento. Pues ellos lo hacen, y sin dudarlo.
Es hora de pagar lo impagable. De darle a ese hombre lo que en ningún momento nos había pedido, ni regateado. Durante todo el día se ha preocupado por nosotros, ha puesto en juego su coche (de eso ya hablaremos con Ericsson, a ver si pueden hacer algo por él, lo que sea. Desde arreglarle el coche, a un trabajo de chofer de empresa). Vamos, que ha hecho por nosotros lo que ni siquiera muchas personas harían por un conocido, sin habernos antepuesto en ningún momento condiciones económicas, o de ningún otro tipo. El sentía como responsabilidad propia el llevarnos a sitio seguro, y así lo hizo. Y otra cosa buena fue que en ningún momento dejaba de reirse y sonreír o hablar con la gente por ahí. Pues bien, a la hora de pagarle, el hombre se ha sentido un poco avergonzado y violento, al preguntarle nosotros cuanto quería. Primero nos dio su teléfono para que le llamaramos si pasaba algo, o al dia siguiente para ver qué tal. Resultado: le hemos pagado el doble de lo que nos pedía. La verdad es que más habría que pagarle, porque como he dicho antes, ha sido nuestro padre, guardaespaldas, etc. Esto te hace darte cuenta que en todos sitios hay gente increíble, y nosotros tuvimos la suerte de dar con el mejor. Gracias Noel!
Por fin, y no sin ciertas vicisitudes por el camino, llegamos al hotel, que se encontraba en Venecia, porque el nivel del agua en la calle también era hasta la rodilla, pero nuestros problemas se han acabado por hoy, ya que por fin nos vamos a dar una ducha caliente, y a comer/merendar/cenar, que no hemos probado bocado desde el desayuno, y ya son las 18:30 de la tarde. Dicho y hecho. Duchazo y primera cerveza para celebrar que estamos a salvo, a pesar de todo. Ahora hay que hacer una incursión a la recepción del hotel, que es a la vez el comedor y el bar. Y ahí comienza la cara A del día, ya que todo lo demás ha sido la cara B del disco.
Allí estamos nosotros, con mas hambre que unos que tenían mucha, y unas ganas de darle caña a las reservas de cerveza y ron del hotel que quitan el sentido. Tras apretarnos unos espaguetis y un sandwich, a por las cervezas. San Miguel, por supuesto, que está buenísima, y aquí, encima, como la gente no se prodiga mucho, pues están frías, ya que llevan mucho en la cámara.
Tras habernos bebido unas pocas, es hora de dar el salto de calidad, y pasarnos al Tanduay, que mi compañero estaba como loco por probar, tras las bondades que le he contado de él. Y resulta que no tenían en el hotel!!! Pero eso no fue problema, ya que uno de los empleados del hotel, primero, y mi compañero después, fueron a hacer los recados pertinentes para podernos soplar unos roncitos como dios manda. Bueno, no creo que dios mande beberse una botella y media entre 2 energúmenos, pero básicamente eso fue lo que hicimos, ya que había que celebrar que estábamos sanos, salvos, y secos por fuera, porque lo que es por dentro...
Y allí estábamos los dos. Bebiendo ron como 2 toretes, y como si el mundo se fuera a acabar, que básicamente era lo que parecía que iba a pasar. Pero no fue así, y nos lo pasamos como 2 enanos. Justamente a nuestro lado teníamos un grupo de chic@s filipinos que trabajaban en la cadena del hotel, y que se habían visto obligados a quedarse allí a dormir, habida cuenta de lo que estaba pasando. De hecho, aquí podéis ver como estaba la calle de nuestro hotel:
Pues el caso es que nos juntamos con la chavalada local y allí estuvimos con ellos compartiendo tragos y conversación. Eran 2 chicos y tres chicas, aunque finalmente nos quedamos solos con los chicos, ya que las chicas se retiraron a chiqueros bastante pronto. La verdad es que eran todos bastante correctos y muy hospitalarios. Estaban muy interesados en nuestro estilo de vida, etc. Les contamos, para dejarselo claro, que nosotros cuando llegamos a un sitio nuevo, la pregunta es: "...y aquí donde se sale?". Con eso les quedó claro nuestro estilo de vida. Bueno, con eso y con cómo soplábamos ron, pero eso es otra historia.
Teníais que haber visto a uno de los chicos, que, básicamente por educación, se bebía los chispazos al mismo ritmo que nosotros, y nos daba la mano alrededor de 77 veces por minuto. Madre mía, la de veces que nos pudo dar la mano...Eso sí, el culmen a la noche fue la vomitona que echó de golpe y porrazo, porque llevaba un pedo que no se lamía. Estábamos hablando, y de repente empieza a vomitar sin cambiar ni siquiera de posición. Se puso hecho un cristo, y acto seguido, por supuesto, a cambiarse y a la cama, que teniendo en cuenta que hoy trabajaba, y sumando a eso que iba como una cebra, pues hoy se habrá levantado hecho unos zorros.
Finalmente, y tras apretarnos los últimos resquicios de ron que nos quedaban, a dormir, que ha sido un día muy largo, y hay que descansar por fin.
El domingo ha amanecido para nosotros a las 11:30, y lo ha hecho lloviendo, para variar. Pero la calle está limpia de agua, con lo que lo mejor será darse vidilla en pillar un taxi lo antes posible, para que nos traiga al hotel. Dicho y casi hecho. Digo casi porque el listo de taxista de hoy, emperrado en callejear en lugar de usar calles principales, casi nos mete en otra como la de ayer. Con lo cual, y después de un par de juramentos, el hombre nos ha llevado por donde debía. A la llegada al hotel (nos sentíamos como héroes) ahí estaba Ernest, el chino, con el que manteníamos contacto telefónico cada cierto tiempo. El hombre se partía la caja de nosotros por lo gañanes que habíamos sido con lo del viaje. Y a cada cosa que le contábamos, mas se reía el hombre. En fin. Sigo diciendo que se ha convertido en uno de los mejores aquí. Probablemente lo fuera antes, pero no le terminaba de coger el punto. Pues bien, como hemos llegado a la hora del vermouth, cerveza y patatas fritas con un billar, tal cual estaba planeado ayer. Y así ha sido. Después a la habitación a echar la siesta y a darme cuenta gracias a la tele, de que he vivido las peores inundaciones de Manila en 40 años. He vivido parte de la historia moderna de Filipinas. Honor que hubiera preferido no vivir nunca, si así no se hubieran perdido las mas de 70 vidas que se han perdido ayer. Por la noche cena en el coreano (parrillada) y al sobre, que estamos hechos una mierda.
Eso sí. Como reseña lo repito ahora y lo seguiré pensando. Estoy escribiendo esto en este tono, muy probablemente gracias a Noel, el taxista, que, de no ser por el, a saber qué nos habría pasado. Muchas gracias otra vez.
Y a vosotr@s, no os penséis que todos mis viajes van a ser así. La verdad es que no me importaría, a excepción del tifón, y de lo del curro de la última semana, pero prefiero que el siguiente sea un poco mas tranquilo. Ya iremos viendo.
De todas formas no creáis que esto se acaba, porque todavía quedan lunes y martes y alguna cosa pendiente por hacer, con lo que algo mas todavía os contaré. Hasta la siguiente. Que estéis todos tan bien como yo, por lo menos. Adiooooos
Después de leer esto me he quedado sin palabras y eso que más o menos ya me lo habías contado.
ResponderEliminarCreo que como sigas allí más tiempo me va a salir una úlcera en el estómago de los nervios.
Esta tarde me han llamado varias personas preguntando por ti al ver las imágenes de Manila en el telediario. Para que veas que desde España estamos contigo.
Espero que estos 2 dias que te quedan sean más tranquilos. ¡Que ya no te queda nada! Iremos preparando el vino, el jamón y una buena ensalada con aceite de oliva para cuando llegues.
Muchoas besos
Montse
Hola chavalote, buenos dias. Así que aun estás ahí y ademas de todas las vicisitudes ahora hay que incluir un tifón, que por lo que cuentas y lo que hemos visto en la tele ha sido tremendo. Más vale que te tenemos conectado con el blog para saber de ti y vemos que has salido indemne de semejante fenómeno que la naturaleza regala cada año a algunos países para regocíjo de fotógrafos y desgracia de los pueblos que siempre se cobra algunas víctimas, más vale que tuvisteis suerte con tener a Noel de ángel de la guarda. Aquí todos pensábamos en ti y tu suerte.
ResponderEliminarBueno menos mal que con el trbajo las cosa van funcionanado poco a poco y os dejan trabajar, al final saldréis por la puerta grande y como es debido y sobre todo merecido.
Ya me habría gustado verte la cara en esos difíciles momentos, pero está claro que no tenias alma para primeros planos saludando a a fición, seguro que ni te acordabas de la máquina.
Ya he vuelto de la playa de tomar el sol hasta en la sonrisa vertical,así que aquí estaré hasta que nos abandones.
Agur, mutxu bat.
La sorda de Olcotz
Torete, menos mal que estas sano y salvo. Se puede decir que casi has vuelto a nacer así que era muy normal que te apretarás esos dos litros de cerveza por la tensión vivida. Por otra parte hay en la vida auténticos héroes anónimos que saben mantener la sonrisa en una situación comprometida, y eso es lo que hay que hacer si se quiere mantener la calma. En fin, felicidades torete, y ya nos darás mas detalles por aquí...
ResponderEliminarSi es que....... lo que no le pase a mi familia por el mundo.... mi tio encuentra una bota de vino ZZZ en una trinchera durante la guerra de Indochina, a la sorda de Olcoz le roban todo en Rio de Janeiro, tras descubrir cucarachas que vuelan del tamaño de un paquete de tabaco, mi padre se encuentra con una vecina de Irañeta(150 hab) en Paris, yo me encuentro con un compañero del colegio de Pamplona en el centro de Malabo, mi hermano es testigo de excepcion del mayor tifon que ha habido en 40 años en Filipinas.Pero.............. Ya se sabe, mala hierba...............NO PODRAN CON LOS ANDUEZA-MURILLO............JA JA.... Enhorabuena Javi. Un besazo del melon de tu hermano y hasta el miercoles.P.D: No penseis que yo soy como mi hermano y voy ha hacer uno de estos a cada viaje de los mios.......Resultaria inaguantable.Pero podeis insistir, me gusta hacerme de rogar.
ResponderEliminar¡JOE JAVI!: yo no me atrevía a llamar a tus papis. Cuando vi en el telediario la que se estaba cociendo por aquellas latitudes, y al no haber sabido de ti en tantos días... Luego pensé que si te habías ido de finde, no era tan raro que no hubieras escrito.
ResponderEliminar¡Vayas historias para contar a tus nietos! Detención en Sudán, terremoto, tifón... Yo me tendré que apropiar de tus vivencias para contarles a los míos, que si no los mataré de aburrimiento.
Besos: Mariate.
Hola "cutxi" Vaya vicisitudes las tuyas, creemos que ya en este viaje no te va a ocurrir nada mas (negativo) nos tienes de los nervios a todos, cuando vuelvas espero que estes contando cosas sin parar hasta que te digamos basta ya pesao . Hemos estado tof¡do el fin de semana hablando de ti, nos tienes a todos enganchaos al ordenata y al telefono, porque nos llaman la famili para saber de ti. sigue escribiendo hasta qe te metas en el avion. Beaucoup de mutsus
ResponderEliminar¡MADRE MIA¡Javitxu,lo que no te pase a ti no lo pasa a nadie,¿como es posible que en tan poco tiempo puedan pasarte todas esas cosas juntas?y tan fuertes,espero que ya se acaben
ResponderEliminary lo 2 dias que te quedan sean tranquilos,junto con el viaje.
Me va a dar mucha pena no tener a diario las aventuras y desventuras de tu viaje a Filipinas,pero ya habrá otros........
Hay que dar gracias a Dios por haberos encontrado con Noel.
Y al chino que antes parecia que le estaba cogiendo mania,ahora ya me cae mejor.
Pobre el Filipino que se agarró el Melocotón
ese tampoco se va a alvidar de vosotros,Los españoles esponjas je,je,je.
Besos guapo,
La pichonera
Muchacho, la de historias para contar a los nietos que estás acumulando en un sólo mes!
ResponderEliminarEl torete contra el tifón!
pues me alegro que al final haya quedado en eso, en una historia para contar, que no veas las cosas que nos sueltan aquí por la tele... menudo desastre.
Pues ya te va quedando menos para la vuelta, así que, haz lo puedas mientras, y que te den el relevo, y el nodo, ya te digo yo donde se lo pueden ir metiendo...
Animo, que ya no queda nada!